martes, 28 de abril de 2015

IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA



Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber .


HISTORIA DE LA IGLESIA ADVENTISTA EN EL PERÚ



FILOSOFÍA DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA



No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado.

FILOSOFÍA DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

Filosofía de la Educación Adventista

Una filosofía de la educación  se basa en el  concepto que los creadores  de un sistema  educacional tengan  acerca de  la naturaleza del  hombre,  su  origen  y  el   propósito  de  su existencia.    Sólo  cuando  se  han   aclarado  estas  vitales cuestiones de  la antropología filosófica  es posible idear  un sistema   educativo  capaz  de ayudarnos a satisfacer nuestras necesidades y alcanzar el propósito de la vida.

 La educación  adventista posee, por  cierto, tal filosofía antropológica,  la  que  se  fundamenta  en   una  cosmovisión derivada de  la fe  cristiana    Esta visión  se inicia con  la aceptación de un  Dios personal, amante  y eterno que siempre ha  existido,  que  es Todopoderoso  y fuente  de  toda  vida, verdad, belleza y valores.

 Según   las  Sagradas  Escrituras,  fuente  de  todas  las creencias adventistas,  el origen del  hombre se describe  como un acto creador de Dios  (Génesis 1:27).  Tal origen demuestra que  el  hombre  debería  vivir  en  perfecta  relación  con su Creador, pues de otro  modo no podrá expresarse con la plenitud de su ser.
 Este conocimiento  del origen del  hombre es indispensable para  la pedagogía,  pues al  educar  al  niño o  al joven  el profesor  debe  realizar  un  esfuerzo consciente y constante para restaurarlo a su estado original.
La idea  de que  el hombre  es un  ser creado  a  imagen  y semejanza de Dios incluye  todos los  aspectos de  su ser.  Su naturaleza estaba en  armonía  con la voluntad  de Dios.   Su mente era capaz de comprender  las cosas divinas.    Sus afectos eran puros,   sus apetitos y  pasiones estaban  bajo el dominio de la razón.

 Era santo y se sentía feliz de llevar  la imagen divina y  de mantenerse en  perfecta obediencia  a la voluntad del Padre.
Sin embargo, en esta vida  de perfecta relación  y armonía del  hombre  con su  Creador se  introdujo  el  pecado,  una separación de Dios que destruye  al hombre en su  todo, incluso su capacidad  de relacionarse con Él.  Al  desobedecer a Dios, los hombres  se iniciaron  en  un camino  de autodestrucción  e infelicidad. La tarea del proceso educativo es, precisamente, restaurar al hombre a su condición original perdida.
 "La  obra  de la  redención debía  restaurar  en el hombre la imagen  de su   Hacedor,  hacerlo volver a la perfección con que había sido  creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente  y el alma, a  fin de que  se llevase  a cabo  el  propósito  divino de  su creación.    Este  es el  objeto de  la educación,  el gran objeto de la vida"
 La  educación y  la redención se  unen en  su esfuerzo por restaurar al  hombre a la  plenitud de su ser  original y a  la armoniosa relación con Dios.   Esta educación trabaja para  que el niño y el  joven se  desarrollen  físicamente,  para  que comprendan   sus responsabilidades  morales,  para   que  se desarrollen como un  ser personal, para que alcancen la madurez de su individualidad en pleno ejercicio de sus facultades  de pensar y actuar, para que se  expresen con abnegación y amor, y para que su trabajo corresponda al de un abnegado  siervo de su prójimo y de su Creador.
 El   verdadero  conocimiento   de  Dios,   la  comunión  y compañerismo  con  El  en  el desarrollo de  un carácter semejante  al divino constituyen  la fuente,  los  medios  y  el  objetivo  supremo de  la  educación adventista.    Es por  ello que  esta educación  se basa en  las Sagradas Escrituras,  haciendo  de la Biblia el primer libro de texto del niño.
 Como consecuencia de su interés en la restauración del  ser humano a la  imagen de su Hacedor, interés  que se  traduce en el lema "Educar es  redimir". la IASD mantiene un   sistema  educacional   que incluye parvularios, escuelas  básicas, liceos, colegios superiores y universidad   es.
 El propósito de  la existencia   de  estas instituciones es, por una parte, transmitir  a  sus niños y  jóvenes  sus ideales,  creencias, actitudes,  valores,   hábitos  y   costumbres  y,  por   otra, asegurarse de que puedan  recibir una  educación equilibrada, que comprenda los  aspectos físico, mental, espiritual, social y  vocacional en armonía con los ideales de la iglesia y con la existencia de  Dios como  fuente de toda  verdad y de  todos los valores morales.


 Las instituciones educativas adventistas no solo se interesan en preparar ciudadanos amantes de su Patria y de la ley, sino  que, en adición a ello, procuran formar cristianos leales y concienzudos....

HISTORIA DE LA EDUCACIÓN ADVENTISTA EN EL PERÚ

Rememorar nuestra historia pasada es un privilegio, porque la conexión con nuestro pasado nos da valor e identidad para  construir  el futuro  de nuestras instituciones educativas con una visión clara y con un trabajo diligente, manteniendo  nuestra identidad que da sentido y direccionalidad a una tarea  noble y magna como es la obra educativa.
Al hablar de la obra educativa adventista en el Perú, necesariamente tenemos que hacer alusión  a las gestas acaecidas en la altipampa puneña con los pioneros peruanos como Manuel Alca Cruz, a quien comúnmente se le conoce  con el nombre de Manuel Zúñiga Camacho, y Eduardo Forga. Así mismo, en esta remembranza, no podemos pasar por  alto a los pioneros  extranjeros como los norteamericanos  Fernando y Ana Sthal, y el  Argentino Pedro Kalbermater.
La obra educativa emprendida por estos pioneros es valorada y reconocida, al margen de sus concepciones  ideológicas y religiosas, por historiadores, literatos, educadores, sociólogos, políticos, etc; por esa razón, Camacho, Sthal y Kalbermater pueden ser  considerados como  ejemplos del pionerismo educativo, movido por amor y solidaridad,  para liberar al hombre aborigen del altiplano peruano de la postración y servidumbre deshumanizante. Para Camacho la educación era el único camino seguro para la liberación de los pueblos oprimidos y para Sthal, la educación era el medio para salvar vidas.
Recordar a nuestros pioneros es rememorar las experiencias de una gesta libertaria emprendida, en su primera fase por Manuel Z. Camacho, desde abril de 1902, con la apertura de una escuela clandestina de Utawilaya. Este intento fue visto con disgusto por el clero católico-romano, quienes obstaculizaron incesantemente. Ante esta situación, Camacho en el afán de hacer viable su visión, solicitó ayuda, en el año 1908, a la Misión Peruana de los Adventistas del Séptimo Día, cuyos líderes inmediatamente, en el mismo año, atendieron el pedido enviando a Fernando Osorio para ayudar en la labor emprendida por Camacho. De esta manera, 1908, marca un hito histórico en la Educación Adventista; pues, en ese año, los líderes adventistas vieron a la escuela como medio de culturización y evangelización. Por lo tanto, era necesario reforzar la Escuela de Utawilaya.
Posteriormente esta tarea es fortalecida con la llegada de Fernando y Ana Sthal en 1911, con quienes se  abrieron las  brechas  para la evangelización diseminando escuelas en la zona aymara a partir de la experiencia de  Platería; y, más tarde, esta obra es complementada con la llegada de Pedro Kalbermater en la zona quechua, a partir de la experiencia de las pampas de Samán. Estos líderes visionarios  en las primeras décadas del siglo XX soportaron el terror de las burlas, golpes, detenciones y prisiones que les dan a aquellos profetas que tienen el atrevimiento de practicar sus convicciones.
De esta manera los años iniciales de la Educación Adventista en el Perú fueron heroicos, como afirma Merling Alomía; esta tuvo que abrirse paso literalmente en medio de sangre y fuego. La obstaculización originada, según Javier Valle Riestra, actual Congresista de la República, en el Diario La Razón del 04 de setiembre 2008,” por los así llamados falsamente católicos, indujo a tildar esta labor de los adventistas de subversiva, porque creaba conciencia contra la opresión, y llegaron a decir que si un indio se alfabetizaba debía amputársele las manos y mandarlo al ejército.”
Tanto Camacho, Sthal y Kalbermater pueden ser considerados como los precursores de la liberación espiritual y social del campesino puneño. Ellos se resistieron a creer en el determinismo; pues, las circunstancias no son limitantes para permanecer en la ignorancia. Por esa razón podemos catalogarlos como los prototipos de la superación, decisión, coraje y valor. Estuvieron dispuestos de pagar el precio de lo que significa luchar por un ideal que requiere  entrega  y pasión para derribar  barreras  y muros infranqueables.
Estos pioneros obraron en un tiempo cuando la educación estaba vedada a las multitudes campesinas por la mezquindad de malos peruanos. Muy a pesar de esa realidad, la obra educativa creció, se fortaleció y resistió como el ichu ante las inclemencias de la naturaleza. Además, la educación adventista contribuyó al cambio decidido del hombre como un todo y hacia una tolerancia civilizada para eliminar de la constitución política la exclusividad religiosa.
Las escuelas adventistas son los medios donde el ser humano experimenta la transformación integral por la obra milagrosa del poder del Espíritu Santo con maestros comprometidos para continuar la historia, en un clima de fraternidad y paz. Un sistema donde la filosofía, la epistemología  y la teología hacen la diferencia.
En consecuencia, al hacer esta remembranza,  en el Centenario de la Educación Adventista en el Perú, podemos visualizar a estos pioneros  como paradigmas de valor, coraje y entrega. Creo que la mística que caracterizó a los pioneros fue contagiosa y fructífera; por eso, aquella   Escuela de Utawilaya al multiplicarse en centenares de instituciones educativas patrocinadas por la Iglesia Adventista, actualmente, contribuye en el desarrollo social, cultural, económico y religioso del pueblo peruano, albergando a más de 25000 estudiantes en sus aulas.